Eusebeia. La palabra de la verdadera religión (II Parte) Imprimir Correo electrónico
Escrito por Por hermano   
Jueves 21 de Enero de 2010 17:02


Sin ver a Jesús, sin la ayuda de Jesús, sin la presencia de Jesús, la verdadera religión es imposible.

 

“Yo soy el Alfa y la Omega” (Ap. 1:8)

  


II Parte.

 

 

Para completar nuestro estudio debemos incluir dos palabras afines a las que estamos considerando. En el NT, la palabra theosebeia se encuentra dos veces. La diferencia entre Eusebeia y theosebeia es la parte seb-, que significa reverencia o adoración. Eu es la palabra griega que significa bien; por tanto, Eusebeia es reverencia, adoración dada bien y con rectitud. Eusebeia enfatiza la rectitud de la reverencia, su carencia de supersticiones, de imperfecciones e incongruencias.

 

Theos es la palabra griega que significa Dios; por tanto, theosebeia significa literalmente adoración a Dios. Así, pues, theosebeia es una palabra más amplia, pero, de hecho, las dos palabras significan casi lo mismo, excepto que Eusebeia enfatiza la rectitud de la adoración.

 

El único ejemplo de theosebeia está en 1 Ti. 2:10, donde se dan diversos consejos a las mujeres que profesan theosebeia (Reina Valera Antigua y revisión de 1960, traducen piedad; VP: que se han consagrado a Dios).

 

En el NT, el adjetivo theosebes se encuentra sólo en Jn. 9:31. Dios oye las oraciones del  hombre que es theosebes (Reina Valera Antigua y revisión de 1960, traducen temeroso de Dios; VP: a los que le adoran).

 

Ya hemos estudiado completamente estas grandes palabras según figuran en el NT. Hemos visto que el significado básico de todas ellas es la actitud recta para con Dios y para con la santidad, majestad y amor de Dios. Ahora nos queda precisar en qué consiste esa actitud recta.

 

I. Eusebeia, verdadera religión, viene a través del divino poder de Jesucristo (2 P. 1:3). Sin ver a Jesús, sin la ayuda de Jesús, sin la presencia de Jesús, la verdadera religión es imposible. 1 Ti. 3:16 habla del "misterio de la piedad'. En el NT, y en el mundo antiguo, un misterio no era algo difícil de entender, y nada más, sino algo ininteligible solamente para los no iniciados. Un misterio era un secreto divino, ininteligible al mero espectador, pero abierto, precioso, claro y cristalino, para el verdadero adorador. Así, Jesús trajo a los hombres el secreto de la verdadera religión. En él, los hombres ven a Dios y aprenden cómo adorarlo.

 

II. Pero aunque eusebeia, verdadera religión, es el don del poder de Jesucristo, el hombre debe luchar y batallar por alcanzar ese don. Debemos ejercitarnos para la piedad (1 Ti. 4:7). Debemos seguir la piedad (1 Ti. 6:11).

 

La primera palabra que usa Pablo (gumnazein) está relacionada con los atletas; y el segundo pasaje, que viene exacta e inmediatamente antes de que pida a Timoteo pelear la buena batalla, se aplica a un soldado. El cristiano es atleta y soldado a la vez. Como el atleta se ejercita para competir, así el cristiano debe ejercitarse para ser un seguidor de Cristo. Como el soldado debe batallar por la victoria, así el cristiano debe intrépida e incansablemente hacer frente a la lucha por la bondad.

 

III. Este don y esta lucha, combinados, traen tres cosas-

 

(a) Eusebeia trae  disturbios. El hombre que quiera vivir para Cristo debe esperar sufrir persecución (2 Ti. 3:12). Ser distintos del mundo, regirse por normas y aspiraciones diferentes, siempre es peligroso. No es paz, sino gloria lo que Cristo nos ofrece.

 

(b) Eusebeia trae poder. Santidad y poder fue lo que las multitudes de Jerusalén vieron en Pedro y en Juan (Hch. 3:12). Cristo nunca encomienda a un hombre una tarea sin darle también el poder para llevarla a cabo. En un mundo que se está derrumbando, sólo el cristiano tiene el poder para mantenerse como una fortaleza contra los asedios de los tiempos.

 

(c) Eusebeia trae a Dios. Para el verdadero adorador de Dios el camino del Señor siempre está abierto (Jn. 9:31). En cada tiempo de prueba, el cristiano puede retirarse a la presencia de Dios para reaparecer con un poder que no es el suyo. El cristiano tiene continuo acceso al poder del Eterno.

 

IV. Eusebeia es el distintivo de la vida cristiana. La aspiración y deber del cristiano es vivir en toda piedad y honestidad (1 Ti. 2:2). "Un santo, como alguien ha dicho, es todo aquel que facilita la creencia en Dios". Incluso dentro del mundo, algo de la gracia y la gloria celestiales se adhiere a la vida del cristiano. El también lleva a Dios a los hombres.

 

V. Eusebeia es el origen de toda verdadera teología y de todo verdadero pensar (1 Ti. 6:3; Tit. 1:1). Una de las grandes realidades desatendidas por la vida cristiana es que inspiración y revelación están moralmente condicionadas. Dios sólo puede decir a un hombre lo que ese hombre es capaz de entender y de recibir. Cuanto más cerca viva un hombre de Dios, más puede Dios decirle. El gran pensador debe ser primero un gran hombre. Para aprender de Dios debemos primero obedecerle. Bien puede ser cierto que el hombre que dice no poder entender la fe cristiana, en realidad, no quiera entenderla, e incluso puede tener miedo de entenderla.

 

VI. Eusebeia no debe confundirse nunca con prosperidad material. El hombre que ve o usa la religión como un medio para el éxito material tiene una visión degradante de lo que es religión (1 Ti. 6:5). La verdadera religión es el camino hacia el auténtico provecho y el legítimo gozo en este mundo y en el venidero (1 Ti. 4:8), y su esencia radica en la verdad fundamental de que la genuina felicidad nunca es resultado de poseer cosas, pues éstas no son las que dan satisfacción o paz. La verdadera felicidad se encuentra en las relaciones personales. Si un hombre tiene amor, lo tiene todo. Y la relación personal más grande es la que se establece con Dios. Si tal relación es justa, entonces, la vida es auténtica felicidad.

 

VII. Eusebeia es lo que resulta de la vida vivida a la luz de la eternidad. En 2 P. 3:11 se exige a los hombres santa  y piadosa manera de vivir porque Cristo viene otra vez. Es posible que hoy, tras el lento paso de los siglos, no esperemos la Segunda Venida con el ansia de la iglesia primitiva. Pero, al mismo tiempo, sigue siendo verdad para todo hombre que nadie sabe cuándo debe dejar el tiempo para entrar en la eternidad. Y verdadera religión es la característica del hombre cuya vida es tal, que siempre está preparado para encontrarse con Dios.

 

VIII. Por todo esto, la verdadera Eusebeia no separa al hombre de su prójimo. A la  Eusebeia debe añadirse, como parte esencial de ella, amor fraternal (2 P. 1:6, 7).

 

La verdadera religión se ocupa tanto de Dios como del hombre. Hay ciertas religiones que separan al hombre de su prójimo. Pueden hacerle dejar la vida del mundo por la vida de contemplación, meditación y oración, como es el caso de los monjes y ermitaños. Pero la oración, la contemplación y meditación, siendo grandes y esenciales resultan imperfectas, truncadas e incluso anticristianas, si no vienen a parar en la acción. Es cierto que hay ocasiones cuando un cristiano debe retirarse del mundo, pero se retira sólo para volver más capaz de hacer frente al mundo, o sea, de ayudarle, y de vivir con sus semejantes. El cristiano no vive con Dios para evitar a su prójimo, sino para poder solventar mejor el problema de vivir juntos.

 

IX. Eusebeia, verdadera religión, no está confinada a los recintos de la iglesia, y no se limita a la adoración, liturgia y ritual de la iglesia. La verdadera religión empieza en el hogar. Los que quieran ser verdaderos siervos de Cristo y de su iglesia deben recordar que  -el primer deber que impone la religión ataña a su propia familia (1 Ti. 5:4). Si el trabajo en la iglesia de un hombre o una mujer implica desatender a su familia, entonces, esto es irreligión, no religión.

 

Nunca puede haber una iglesia cristiana que no está fundada en el hogar cristiano; y la obra religiosa más importante no es la que se hace en público, sino en el retiro del hogar, y en medio de lo que debe ser el círculo de nuestros seres más queridos.

 

Jesús dijo que donde estén dos o tres reunidos en su nombre él está en medio de ellos (Mt. 18:20); y se ha sugerido que esos dos o tres son padre, madre e hijos. No sabemos si será así o no, pero sí es completamente cierto que el verdadero cristianismo, como la verdadera caridad, debe empezar en el hogar, así como también es cierto que no debe quedar ahí, sino alcanzar a la iglesia y al mundo.

 

Cuando los pensadores cristianos tomaron la palabra Eusebeia, ya era una gran palabra; pero la llenaron de un contenido que la hizo mucho más grande de lo que jamás pudiera ser en labios de cualquier pensador pagano.

 

 

Tomado con autorización del libro:
Palabras Griegas de Nuevo Testamento, Su uso y Significado

William Barclay, Editorial Mundo Hispano CBP ©

 

Última actualización el Jueves 21 de Enero de 2010 17:17
 
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