Publicado el Lunes, 29 Octubre 2012 16:00 Escrito por Marco Antonio Orellana Visitas: 1029
En este artículo hablaremos de cómo debemos los creyentes relacionarnos con el dinero.
Antes de dar respuesta a esta interesante pregunta me permitiré aclarar algunos conceptos.
Al revisar el pasaje del Evangelio según San Marcos y el encuentro de Jesús con el joven rico, los discípulos cuestionaron su declaración referente a la entrada de los ricos al Reino de Dios. En su respuesta a la pregunta de los discípulos, Jesús concluye con la siguiente declaración:
Marcos 10: 29-30: “Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora es este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna”.
Es interesante notar que Jesús no menciona el dinero en estos versículos. Él no dijo que aquellos que dieran su dinero recibirían un retorno de 100 veces su valor; más bien, la palabra de Dios trata al dinero de manera diferente a como lo hace con los bienes, tierra, casas y relaciones personales. Jesús no promete un retorno multiplicado de dinero a nadie, sino más bien, que aquellos que han dejado sus bienes recibirán un retorno multiplicado de bienes.
Entonces nos surge una pregunta: ¿Qué es el dinero? El dinero es simplemente un receptáculo de bienes y servicios diferido creado por el hombre para el comercio. Es un medio de intercambio. Es la cosecha de nuestra producción, es lo que recibimos por nuestra producción y servicios, que luego podemos usar para obtener producción y servicios de otros. El dinero no tiene valor en sí, sino que su valor es determinado por los mercados donde se usa este dinero y estos mercados son nada más que la opinión de la gente. En términos simples, el dinero vale lo que la gente dice que vale.
Si le preguntan a quién pertenece el dinero, la mayoría de los cristianos responden: “¡A DIOS!”. Sin embargo, esto se encuentra profundamente errado. Si revisamos Mateo capítulo 22, cuando los fariseos le preguntan a Jesús acerca de los impuestos, Él enseña muy claramente que el dinero no es creado por Dios y, por lo tanto, NO pertenece a Dios. El dinero es creado por el hombre y pertenece al sistema del mundo. Es por esto que Jesús maravilla con su respuesta a los fariseos, ya que al preguntarles de quién es la imagen y la inscripción que aparece en las monedas, ellos le responden “DE CÉSAR”. Por lo tanto, Jesús, que conoce muy bien qué es y qué no es de Dios, les dice: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”.
En este pasaje Jesús no sólo responde sobre los impuestos, sino que además les enseña claramente cuál es la naturaleza del dinero.
Tenemos claro que el dinero no fue creado por Dios, sino por el hombre, y que pertenece al sistema del mundo. ¿Entonces cómo debemos los creyentes relacionarnos con el dinero?
En la “parábola del mayordomo infiel” (Lucas 16: 1-15), Jesús se refiere al dinero como “poco”, y dice que “el que es fiel en lo poco, también en lo más es fiel”. Y sigue diciendo: “Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo vuestro?”. Jesús declara a sus discípulos que el dinero le pertenece al César; entonces, les enseña que no deben ser gobernados por el dinero, sino más bien ellos deben gobernar al dinero. El dinero está destinado a servirnos, debemos dirigirlo en el servicio para el beneficio del Reino de Dios. Debemos ser mayordomos de lo que pertenece al sistema del mundo y no violar los principios básicos que gobiernan su operación en ese sistema. Como dice el apóstol Pablo, nosotros, como cristianos, vivimos en el sistema del mundo, estamos en el mundo, pero no somos de este mundo y por lo tanto no somos de este sistema. No está mal comprar y vender, es parte de nuestra vida; sin embargo, tenemos principios del Reino que vencen las limitaciones del sistema del mundo. Cuando los bienes se convierten en dinero, cambian de reino y por lo tanto cuando vendes una propiedad o un automóvil o cualquier otro bien que Dios te ha provisto, debes cuidarte de caer en el espíritu de mamón. Resulta penoso cuando una familia recibe una herencia por la venta de algún bien, como rápidamente ese dinero desaparece.
Te invito a gobernar el dinero y convertirlo en tu esclavo para el beneficio del Reino de Dios.