Publicado el Jueves, 31 Agosto 2012 17:05 Escrito por Marco Antonio Orellana Visitas: 1271
En el artículo de hoy hablaremos de la deuda y tu responsabilidad en “hacerte cargo de ella”.
La gente de nuestra era parece ebria y consumida por las deudas. La mayoría ha llegado a aceptar que vivir con deudas es algo normal. Para un cristiano esto ¡NO PUEDE SER NORMAL! Quizás sea algo común, pero no es normal.
No es necesario ser un economista para comprender que si una persona sigue gastando más de lo que gana en algún momento no podrá enfrentar las deudas, pero sí enfrentará un colapso.
Si revisamos las Escrituras, el profeta Hageo nos llama a meditar bien sobre nuestros caminos. Nos dice que sembramos, pero recogemos poco; que comemos, y no nos saciamos; que bebemos, y no quedamos satisfechos; nos vestimos, pero no dejamos de sentir frío; y finaliza el verso 6 del capítulo 1 diciendo que el que trabaja a jornal, recibe su salario en saco roto. Es decir, el que trabaja para pagar sus deudas no tiene y nunca le alcanza.
Parece que los que leen este capítulo de las Escrituras ven reflejadas sus propias vidas; sin embargo, déjeme decirle que Dios quiere que nosotros seamos prósperos, tengamos la provisión suficiente para vivir y seamos libres de las deudas. No quiere que tengamos en exceso, ni tampoco que pasemos pobreza.
Agur le dice al Señor en Proverbios 30:7-9:
“Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí;
No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario;
No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ‘¿Quién es Jehová?’.
O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios”.
Si tu confianza está puesta en Dios, nunca sentirás temor de la falta de provisión, ya que él promete cuidarte, en el libro de Salmos Capítulo 37, verso 25, el salmista dice: “Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”. Pero, ¿qué pasa si ya estás bajo el flagelo de la deuda?
¿Sabes que la deuda no planificada es una falta de conexión con Dios como proveedor? Por lo tanto, constituye una ruptura en el orden del Reino de Dios en la vida del creyente. El orden y la autoridad de Dios reflejada en las finanzas de un individuo es que habrá suficiente provisión para suplir cada necesidad en el momento preciso.
Por lo tanto, si tienes deudas, ¡DEBES HACERTE CARGO DE ELLAS! Si ya estás inserto en el sistema, debes pagar y salir pronto de este problema. Veamos cómo el Señor ve esto. En Salmos 37:21 nos dice: “El impío toma prestado y no paga”, es decir, “EL QUE DEBE Y NO PAGA ES MALVADO”. ¡Escucha bien! Si tú debes, si llegaste a un estado extremo de endeudamiento y has caído en las manos del “dios” del dinero y, por el motivo que sea, no pagas esta deuda, Dios te llama malvado.
En contraste con esto, en la segunda parte de este versículo el Señor nos dice que “EL JUSTO TIENE MISERICORDIA, Y DA”. Por lo tanto, si eres un cristiano, debes tomar una importante decisión: Salir de este camino de mal lo más pronto posible. Para ello, permíteme los siguientes consejos:
Lo primeros es PEDIR PERDÓN por haber llegado a este estado.
Lo segundo, no debes enfocarte en lo que no puedes hacer y preocuparte de tus deudas; más bien debes ocuparte en lo que sí puedes hacer: enfrentar a tus acreedores y reconocer el problema para buscar una solución.
Tercero, sabes que un milagro sí puede ocurrir, pero para ello debes creer y actuar. La Biblia nos enseña que “la fe sin obras es muerta”. Por lo tanto, debes acudir al banco, trabajar duro y confiar en el Señor. Esta mezcla puede provocar el milagro que necesitas para salir de tu problema.
Dios se agrada de quien reconoce su pecado, se arrepiente y toma acciones concretas para enfrentar el problema. Cuando tus caminos están alineados con los caminos del Señor, tú liberas su poder sobrenatural sobre tus finanzas.
Dios les bendiga.
Marco Antonio Orellana, economista.
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